SOS por las universidades de clase media 

Por: Ramón Elejalde Arbeláez 

No es un secreto que entre las instituciones universitarias de carácter privado existe una categorización social, toda vez que encontramos unas de élite y otras destinadas a las clases más populares. Universidades como Los Andes, El Rosario, EAFIT, La Javeriana, para citar unas pocas, son, por sus costos, centros universitarios destinados a personas de estratos altos. Por el contrario, existen infinidad de estas instituciones que igualmente por sus costos, reciben a estudiantes de las capas más bajas de la sociedad. Los ejemplos pululan y son las universidades privadas que cumplen la misma misión de las oficiales en atender a personas de escasos recursos.  

La pandemia, la difícil situación económica, el desempleo, el convencimiento de muchos jóvenes de no requerir preparación superior para emprender empresa y creer que es fácil emular con Steve Jobs y otras varias circunstancias, han llevado a los alumnos a desertar de las instituciones universitarias. La ausencia de alumnos golpea con mayor ferocidad a las entidades que forman muchachos de clase media y clase baja. Los centros superiores de élite conservan su nicho de mercado y la universidad pública tiene el apalancamiento oficial que le hace la subsistencia llevadera. El panorama no es bueno y en el futuro se ven nubarrones que amenazan seriamente a infinidad de centros universitarios en Colombia. 

El loable propósito del gobierno electo de Gustavo Petro, de brindar educación superior gratuita a los estratos populares, es, quien lo creyera, otro potencial enemigo de todas esas instituciones universitarias que por décadas albergaron a estudiantes de bajos recursos. Hoy, con sobrada razón, el estudiante prefiere la universidad oficial gratuita que la privada, así esta última sea de costos moderados.  

Si no se hace algo, estamos asistiendo al marchitamiento de la universidad privada de carácter popular, que entregó profesionales idóneos a la sociedad, que propició movilidad social, que promovió mejores niveles de vida a muchas familias. Sería una catástrofe educativa comenzar a ver el cierre de centros de educación superior.  

Lejos de proponer en estas líneas que se impida la educación superior gratuita. No. Es indispensable buscar mecanismos para que el Estado brinde esa educación gratuita también en instituciones privadas que garanticen una educación de calidad y a costos accesibles, en este caso para el mismo Estado.  

Mucha creatividad requerirá el nuevo ministro de Educación, doctor Alejandro Gaviria. Él la tiene. No se puede arrojar por la borda tantos años de construcción educativa, tanta experiencia en la formación de jóvenes, tanto esfuerzo para promover personas, tantas luchas que han sido útiles a la sociedad y a la patria. 

Adelante con la propuesta de educar en forma gratuita a nuestros jóvenes de escasos recursos, pero miremos al lado, tenemos problemas.  

NOTICULA. Por transparencia aclaro que laboro en una universidad privada, de clase media.

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