El presidente Gustavo Petro sigue ajustando su equipo de trabajo en lo que parece ser una carrera contra el tiempo. En medio de las tensiones internas y la necesidad de respaldo político, su administración enfrenta un proceso de reconfiguración donde las piezas clave del gabinete se están moviendo con rapidez. Con la llegada de figuras como Armando Benedetti al Ministerio del Interior y Susana Muhamad al Departamento Nacional de Planeación (DNP), el Ejecutivo atraviesa un momento de incertidumbre que refleja las tensiones entre el Gobierno y el Congreso, pero también una clara estrategia para consolidar poder en la recta final de su mandato.
Este cambio, aunque esperado por algunos analistas, no está exento de controversias. Benedetti, quien hasta hace poco ocupaba el cargo de jefe de despacho presidencial, es conocido por su estilo pragmático y su relación cercana con el Congreso, lo que le otorga la capacidad de negociar en terrenos complejos. Su designación al Ministerio del Interior, en reemplazo de Juan Fernando Cristo, representa no solo una reestructuración en las relaciones políticas, sino también una jugada para fortalecer el vínculo entre el Gobierno y los partidos tradicionales, en un momento en el que Petro necesita su apoyo para avanzar con las reformas en el Legislativo.
La llegada de Benedetti al Ministerio del Interior responde a un objetivo claro: acercarse a los partidos de la coalición tradicional y, en particular, a aquellos que han sido reticentes en el Congreso. Según fuentes cercanas a la Casa de Nariño, el exsenador sería el encargado de entregar el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC) al Partido de la U, el Ministerio de Deporte al Partido Conservador, y el Ministerio de Comercio Exterior a los liberales. Estos movimientos buscan asegurar el respaldo necesario para las reformas que Petro desea implementar en el corto plazo, a pesar de las tensiones internas que estos acuerdos puedan generar.
Por otro lado, el nombramiento de Susana Muhamad en Planeación Nacional, en sustitución de Alexander López, también ha suscitado un gran interés. Aunque Muhamad había mostrado su descontento con la presencia de Benedetti en el gabinete, manifestando públicamente sus diferencias durante el Consejo de Ministros, la ministra de Medio Ambiente parece haber decidido mantenerse en el Gobierno. Su paso al DNP representa un cambio importante en su carrera y en la estructura misma del Ejecutivo, especialmente si se considera su perfil como una de las voces más progresistas dentro del gabinete.
La transición de Muhamad al DNP también podría ser interpretada como una respuesta a las demandas de los sectores más progresistas del Gobierno, quienes buscan mantener una presencia dentro de la administración a pesar de los cambios tácticos de Petro. Esta medida podría fortalecer la agenda de reformas sociales que la ministra ha impulsado en el pasado y le otorgaría una mayor capacidad de influencia sobre los proyectos de inversión y planeación del Estado.
El reajuste del gabinete no es solo una cuestión de nombres; es una estrategia para asegurar que el Gobierno mantenga una posición dominante en la última etapa de la administración. Con la llegada de figuras como Benedetti y Muhamad, Petro busca no solo la estabilidad política, sino también una renovada fuerza en la gestión de los recursos y las relaciones con el Congreso. No obstante, este proceso de ajuste podría aumentar las fricciones internas, especialmente entre los sectores más radicales del progresismo y aquellos más cercanos a la tradición política del país.
El presidente Petro ha sido claro en cuanto a su control sobre las decisiones finales en su gabinete. A pesar de los rumores y las especulaciones que han circulado en los últimos días, fuentes del Departamento Administrativo de la Presidencia (Dapre) han reiterado que es él quien anunciará formalmente cualquier cambio. Esta centralización de decisiones refleja el deseo de Petro de mantener el control de la narrativa política en su último período, a pesar de las tensiones que puedan surgir por estos nombramientos.
Al final, el reajuste del gabinete de Petro podría ser el paso decisivo que marque la pauta para la recta final de su Gobierno. Si bien las reconfiguraciones ministeriales siempre están rodeadas de especulación, lo cierto es que el presidente ha optado por un enfoque pragmático, donde la coalición política juega un papel central en la consecución de sus reformas. En este escenario, las tensiones dentro del gabinete no solo reflejan las diferencias ideológicas, sino también la necesidad de acuerdos que garanticen la gobernabilidad del país en los años venideros.
Con todo, el tiempo dirá si estos cambios fortalecerán al Gobierno de Petro o si las tensiones internas podrían socavar aún más su mandato. Lo que es claro es que el presidente sigue apostando a la reconfiguración del poder político para lograr avances legislativos clave antes de que termine su período en 2026. Y con el Ministerio del Interior y el DNP como piezas clave, el próximo capítulo de este Gobierno se está escribiendo bajo el signo de la negociación y el pragmatismo.