¿Qué debe hacer la izquierda para ganar en segunda vuelta?

La estrategia aprendida por Petro durante una década le sirvió para ganar en la primera vuelta, pero también arriesga convertirse en su mayor obstáculo para ser elegido presidente.

La candidatura de Gustavo Petro superó el límite histórico de la izquierda como alternativa de poder en elecciones nacionales en Colombia. La decisión de apoyarse en una amplia coalición muestra el giro pragmático de Petro, que le permitió contar desde el comienzo con figuras políticas provenientes de las bancadas tradicionales. Su suerte en la segunda vuelta dependerá de su capacidad para consolidar esta alianza pragmática con nuevas adhesiones, en un escenario que no le resulta cómodo porque se enfrenta al candidato menos esperado: Rodolfo Hernández.

Dicho esto, ¿qué aprendió Petro de sus tres postulaciones presidenciales?, ¿cuál es su nexo con los movimientos sociales por intermedio de su vicepresidenta? ¿cómo funcionó su coalición en la primera vuelta y cuáles son los riesgos para la segunda?

Un proyecto organizado

La literatura enseña que el éxito de una nueva organización política depende de construir una identidad o “marca” efectiva, de estar presente en todo el territorio nacional y de la cohesión entre los líderes nacionales y locales.

El principal aprendizaje de Gustavo Petro fue descubrir la importancia de esos tres principios, de construir organización y trabajar en compañía de otros. Y tanto así que el Pacto Histórico fue el único movimiento político de gran tamaño que presentó una lista cerrada al Congreso en este año.

En 2010, Petro fue candidato del Polo Democrático Alternativo (PDA), una organización que él había ayudado a construir. Pero las disputas con Carlos Gaviria llevaron a la ruptura tras el intento de controlar la bancada por parte de uno y otro dirigente. La facción encabezada por Petro se refugió en las toldas del Partido Verde.

Poco más adelante, Petro lanzó su fallida candidatura por firmas a la alcaldía de Bogotá y presentó denuncias valerosas contra el alcalde elegido por el PDA, Samuel Moreno Díaz.

La candidatura presidencial de 2018 fue también avalada por firmas de la ciudadanía, un mecanismo que le sirvió igualmente para inscribir la lista al Congreso de “Colombia Humana”, coalición integrada de la mano de las bancadas de Movimiento Alternativo Indígena y Social (MAIS), la Unión Patriótica (UP) y la Alianza Social Independiente (ASI), que se llamó la Lista de la Decencia.

Hace cuatro años, Petro intentó convocar una primaria interpartidista en conjunto con las fuerzas que apoyaban a Fajardo, pero a falta de acuerdos, decidió presentarse a una consulta en competencia apenas con el pequeño movimiento regional “Fuerza Ciudadana”, encabezado por el actual gobernador del Magdalena, Carlos Caicedo. El gran número de votos que recibió esta consulta convirtió a Gustavo Petro en principal rival del candidato de Uribe, pero ese impulso no fue suficiente para darle la victoria, aunque en segunda vuelta tuvo el apoyo del Partido Verde y de sectores del liberalismo.

Gracias al Estatuto de Oposición Petro logró una curul en el Senado y Ángela María Robledo, su fórmula vicepresidencial, una curul en la Cámara. En 2022, la estrategia de Petro fue construir una coalición amplia o comparable a las fuerzas que respaldaron a Santos en la reñida segunda de su segundo mandato, cuando Santos acabó por imponerse sobre Óscar Iván Zuluaga.

Además, a partir de los datos electorales de 2018, Petro intentó consolidar su votación regional, concentrada en la ciudad de Bogotá, los departamentos del Caribe y del Pacífico y abrir una disputa en el departamento que eligió a Duque: Antioquia.

Los movimientos sociales

La política en Colombia pasa hoy por la movilización social, especialmente por parte de los “líderes sociales” en regiones apartadas del país, quienes se han convertido en víctimas repetidas de los grupos armados ilegales por su defensa de los territorios.

La caudalosa votación de Francia Márquez en la pasada consulta del Pacto Histórico (783. 160 sufragios) fue una expresión del poder movilizador de aquellos líderes sociales. Aunque era vista con recelo por sectores del Pacto acostumbrados a los movimientos urbanos, Petro escogió a Márquez como su fórmula vicepresidencial.

Las disputas posteriores de la candidata con el expresidente Gaviria expresaron de algún modo la tensión entre el estilo pragmático de Petro y el ímpetu natural de los movimientos sociales que representa Márquez.

Buscando el voto liberal

Justamente, una de las estrategias principales de Petro ha consistido en buscar los votos de los liberales. La presencia de Roy Barreras y Armando Benedetti, encargados de hacer las listas del Pacto Histórico al Congreso, expresa un claro acercamiento a figuras de la disidencia liberal. En esta misma línea resalta la escogencia de Alfonso Prada, exfuncionario del gobierno Santos, como “jefe de debate” de la campaña de Petro, y en especial de su relación con los medios, las bancadas y el mundo empresarial.

La cercanía o adhesión de figuras más claramente liberales, como Luis Fernando Velasco, Ernesto Samper e inclusive Piedad Córdoba, son muestras del intento más profundo de conquistar el liberalismo de base, especialmente del ala que se había opuesto a Uribe durante su gobierno. A lo anterior se sumaron Luis Ernesto Gómez y Daniel Quintero, liberales disidentes que provienen de la “bancada juvenil” y lograron hacer parte o formar el gobierno de Bogotá y Medellín.

Bloque amplio de la paz

La suma de los bloques anteriores se asemeja a la coalición que impulsó tanto la candidatura de Santos en la segunda vuelta del 2014 como el “sí” al Plebiscito por la Paz en el 2016. A ese grupo habría que sumar ahora la fracción del PDA encabezada por Álvaro Argote, Wilson Arias e Iván Cepeda que apoyó la aspiración de Petro.

De esa manera, el Pacto Histórico ha logrado convertirse en la mayor fuerza electoral de la izquierda en la historia reciente de Colombia. Sin perjuicio de lo cual, hay que notar la ausencia del Movimiento Obrero y Estudiantil Revolucionario (MOIR), encabezado por el senador Jorge Robledo, una organización que sigue haciendo presencia en Bogotá y en el Valle del Cauca.

Por otra parte, a Petro se han sumado una fracción del Partido Verde liderada por Camilo Romero, y figuras urbanas de opinión como Catherine Juvinao, Katherine Miranda y Duvalier Sanchéz. Algo aporta también la adhesión simbólica de Álvaro Leyva, líder tradicional del Partido Conservador.

Los riesgos de la coalición

El trabajo de Petro fructifico en los más de 8,5 millones de votos que recibió este domingo. La izquierda colombiana obtuvo la más alta votación de su historia, y hoy se presenta a la segunda vuelta tras sacar una ventaja de más de dos millones de votos sobre quién será su contendor el 19 de junio.

Pero en este tramo final de su campaña comenzarán a sentirse los riesgos del pragmatismo, que por supuesto suma adhesiones que sin embargo pueden no tener arrastre y al mismo tiempo pueden desilusionar a otros votantes.

El Pacto Histórico además está marcado por personalismos, que podrían organizar sus cálculos de cara a las elecciones regionales y a las cuotas de poder o de recursos que cada quién espera de un gobierno Petro. No serán fáciles las negociaciones con lideres locales.

El intento de Petro de consolidar una organización semejante a la de una bancada encontrará los mismos obstáculos que esas bancadas: la dificultad de mantener cohesión en un entorno marcado por los personalismos.

La victoria de Federico Gutiérrez en la consulta del “Equipo por Colombia” lo confirmó sin dificultad como vocero de las fuerzas tradicionales, oficialistas o de derecha. Ante el descalabro del centro representado por Sergio Fajardo, quedaba por descubrir el potencial electoral de Rodolfo Hernández, el outsider, que gracias a algunos chispazos mediáticos, había ingresado a la escena nacional sin cambiar en un comienzo las tendencias que se venían presentado tiempo atrás.

Pero en las últimas dos semanas Hernández se disparó en las encuestas y se acercó a Gutiérrez, pese al apoyo de las bancadas que le acompañaban. Esta popularidad a su vez aumentó el interés nacional e internacional en el exalcalde de Bucaramanga, y muchos empezaron a notar sus parecidos con Abdalá Bucaram en Ecuador, con Donald Trump en Estados Unidos, con Jair Bolsonaro en Brasil o con Nayib Bukele en El Salvador.

Sin embargo, durante las últimas semanas, la presencia en medios y particularmente en las redes sociales hizo que Hernández dejara de ser una curiosidad y llegara a ocupar el segundo lugar en la primera vuelta, con 900 mil votos más que Federico Gutiérrez. Algunos analistas vieron en esto la confirmación de su tendencia al ascenso en las encuestas, pero para la mayoría de los observadores la victoria de “el ingeniero” fue una gran sorpresa.

Su talante y su forma de hacer campaña produjeron impresión. A diferencia de Petro, que prefirió la plaza pública y las alianzas pragmáticas, Hernández se concentró en las redes sociales y machacó su discurso antipolítico bajo el manto de acabar la anticorrupción, ganando cada vez más apoyos en el centro-oriente del país.

Así, los deseos de cambio de los votantes quedaron en manos de un Petro que tendría que aumentar los apoyos que tuvo en la primera vuelta, o de un Hernández que ya empezó a recibir adhesiones desde el centro y desde el uribismo. El proyecto largamente madurado de una izquierda que aspira a reformas sociales de fondo se enfrentará a una campaña centrada en el slogan y en el mensaje efectista y mediático.

Hacia la segunda vuelta

La estrategia aprendida por Petro durante una década le sirvió para ganar en la primera vuelta, pero también arriesga convertirse en su mayor obstáculo para ser elegido presidente. Esto implica un serio desafío de cara al 19 de junio, en un escenario donde la incertidumbre se ha reducido porque están definidos los dos contendores y porque Hernández no se moverá en los mismos escenarios habituales de Petro: la plaza pública y los debates a través de los medios tradicionales.

A esto se suma la necesidad de mantener los apoyos obtenidos desde marzo pasado, seguir atrayendo a las bases de los partidos tradicionales y tender puentes con los políticos de centro o aún centroderecha que se sientan asustados por el “Trump colombiano” que a su vez podría ganar gracias al temor que produce la figura de Petro.

También se suma la necesidad de aumentar la votación en las zonas donde la izquierda reversó las tendencias tradicionales. Aunque Petro ganó en Bolívar, Magdalena y Cesar, no llegó al 50 % del total; Hernández, mientras tanto, ganó de manera contundente en Boyacá, Santander, Cundinamarca y Casanare.

Finalmente, ante la incertidumbre y la ingobernabilidad que enfrentaría el presidente Hernández (a juzgar por su gestión como alcalde y por la falta de congresistas que le apoyen), Petro podría usar el recurso de la confianza en las instituciones para atraer nuevos votantes entre sectores que paradójicamente, veían en Petro a un candidato contrario al orden institucional, aun a pesar de grabar bíblicamente su respeto a la Constitución «sobre piedra».

*Politóloga de la Universidad Nacional, investigadora del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Autónoma de Bucaramanga IEP- UNAB.

**Politólogo de la Universidad Nacional, doctor en Ciencia Política de la UNAM, docente de la facultad de Ciencias Políticas y Gobierno de la Universidad Bolivariana, Bucaramanga.

Fuente: El Espectador

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