Palabras del Presidente Iván Duque Márquez en la plenaria de la IX Cumbre de las Américas

Apreciado Secretario (de Estado de EE.UU., Antony Blinken), señores presidentes, primeros ministros, jefes de delegación:

Nos encontramos una vez más en este foro del multilateralismo. Agradecemos agrademos la hospitalidad del Presidente Biden y del Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica.

Consideramos que este reencuentro es estratégico y es relevante. Para dialogar, para podernos encontrar en los fundamentos y principios del Sistema Interamericano.

Por eso quiero empezar haciendo referencia en la democracia, porque esta reunión y estas cumbres han tenido como sistema de unificación y de criterios en medio de las diferencias la defensa irrestricta de la democracia.

No en vano el 11 de septiembre del año 2001, en medio de momentos difíciles para la humanidad, se aprobó en la ciudad de Lima la Carta Interamericana Democrática, para verla como un derecho y para rechazar categóricamente cualquier atentado a la misma.

Es más, queridos presidentes, esta Carta Interamericana Democrática se fundó también en algo que se conoce como la Cláusula de Quebec, una cláusula que dice de manera elocuente que cualquier alteración o ruptura inconstitucional del orden democrático en un estado del hemisferio constituye un obstáculo inseparable para la participación en el sistema de cumbres.

Democracia, autocracia y dictadura

Eso quiere decir que aquí no hay exclusiones ideológicas; aquí hay un rechazo contundente, preclaro, a cualquier forma de dictadura y de atentado contra la estructura democrática de nuestras naciones.

No caigamos en las falsas narrativas, presidentes y primeros ministros. Nuestra región no se divide entre izquierda y derecha, ni entre progresistas y conservadores.

Aquí hay es una clara diferenciación entre quienes somos demócratas y quienes son autócratas.

Aquí hay una clara diferencia entre quienes creemos que, en democracia se ventilan las diferencias al sentir de las mayorías en las elecciones, y no la imposición violenta y arbitraria de un querer frente a la población.

Por eso tenemos que defender la democracia en todo momento. Tenemos que defenderla de los autócratas que se nutren de la P del populismo, de la P de la polarización, de la P de la posverdad para fracturar los pueblos.

Y no podemos llamarnos a engaños. Muchos de esos autócratas han ascendido al poder dentro de la democracia, pero después sutilmente la convierten en dictocracia, hasta que la convierten en una vil dictadura.

Esos autócratas que se han valido también de las reelecciones indefinidas en el continente tienen que ser siempre señalados y denunciados, porque también tenemos que entender que el genocidio que se vive hoy en Ucrania es producto de una autocracia.

Por eso tenemos que celebrar que el Sistema Interamericano tiene esa defensa de la democracia como un faro, un corifeo, como una permanente y constante luz para que nunca claudiquemos.

Señor Secretario de la Organización de los Estados Americanos, Luis Almagro:

Lo quiero felicitar por su defensa irrestricta de esa construcción colectiva que es la Carta Democrática Interamericana.

Y quiero, además, resaltar que todos los mecanismos de integración en la región son válidos, son necesarios. Y Colombia ha participado en todas las instancias donde, dentro del multilateralismo, podemos escucharnos.

Pero también quiero dejar un mensaje claro. Ningún mecanismo de integración puede existir para amenazar la existencia del Sistema Interamericano y de la Organización de los Estados Americanos.

La democracia, presidentes y primeros ministros, es como la salud. Cuando la tenemos, no la valoramos, pero cuando la sentimos amenazada salimos rápidamente a reclamarla.

Hoy más que nunca tenemos que defender ese principio inequívoco de que la democracia, como lo dice esa Carta Interamericana, es un derecho.

Por eso no podemos guardar silencio frente a la dictadura que agobia a Venezuela, o la que agobia a Nicaragua, o la que ha agobiado al pueblo cubano.

Ser indiferente a esos fenómenos, es ser indiferente al dolor de los pueblos.

Y por eso, como lo decía Martin Luther King, el silencio nos hace cómplices, y nunca podremos guardar silencio ante tanta ignominia.

Política de migración fraterna

Hoy quiero también hablarles de otro valor. La fraternidad frente al fenómeno migratorio.

Son muchos los ciudadanos que, con frío en los huesos, con desesperanza y tristeza, cruzan fronteras esperando abrigo.

En Colombia hemos recibido 1.8 millones de migrantes venezolanos, hermanas y hermanos, que han huido de la peor opresión. Y que los hemos acogido sin ser un país rico. Y que los hemos acogido con un Estatuto de Protección Temporal por 10 años, que ya ha entregado un millón de tarjetas reconociendo todos los derechos, con la excepción de los derechos políticos.

Hemos demostrado que se puede hacer una política migratoria sólida, fraterna e incluyente, inclusiva, sin caer en esas dolorosas realidades que viven otras latitudes de xenofobia o de indiferencia.

Hoy quiero también agradecer los esfuerzos del Presidente (de República Dominicana, Luis) Abinader y del Presidente (de Ecuador, Guillermo) Lasso, que también han dado pasos de generosidad frente a los migrantes.

Pasos que también recogen el sentir y el espíritu de muchas de nuestras cartas fundacionales, como lo fuera también la primera constitución de la Gran Colombia, en octubre de 1821, cuando en el artículo 83 de esa carta se decía que en la Gran Colombia se tendrían para los extranjeros los mismos derechos que para los connacionales.

Hoy queremos invitar a todo el hemisferio a que tengamos esa política migratoria ojalá cada vez más uniforme, pero nunca dejar de denunciar la causa de esos fenómenos.

Cambio climático

También, presidentes y primeros ministros, quiero hablarles de la urgente necesidad de enfrentar la crisis climática.

No hay un planeta B, pero tampoco podemos esperar a que los mayores causantes de esta crisis respondan con toda su fuerza.

Aunque nuestras naciones no son las mayores emisoras, tenemos que liderar con el ejemplo.

Por eso la protección de la Amazonía, de los arrecifes coralinos, la protección de nuestros páramos, es un deber moral.

En un país como Colombia, que tan solo representa en 0,6% de las emisiones de gases efecto invernadero, pero que es uno de los países más amenazados por los efectos de la crisis climática, hemos respondido con la transición energética, hemos respondido también con la siembra masiva de árboles y con llegar prontamente a que el 30% de nuestro territorio sea declarado área protegida.

Hemos avanzado hacia las finanzas verdes, pero también quiero recoger lo que se ha dicho hoy por varios Jefes de Estado.

Es urgente, que las herramientas multilaterales financieras respondan a estas necesidades. Se requiere la capitalización del Banco Interamericano de Desarrollo, la capitalización de la CAF, la capitalización del BCIE y el apoyo también al Banco de Desarrollo del Caribe.

Pero estas herramientas no solamente pueden estar centradas en préstamos. Es necesario que liberemos espacios fiscales, a través de los canjes de deuda por acción climática, especialmente con los países del Caribe, y que podamos desarrollar un sistema de financiamiento de largo plazo y en buenas tasas a las políticas de adaptación que se requieren.

El precio del CO2

Pero sea esta también la ocasión para invitarlos a que planteemos un debate necesario en la comunidad internacional, y tiene que ver sobre el precio de cada tonelada de CO2.

Porque no puede ser que, con el esfuerzo en nuestros países, el precio que se nos paga sea diametralmente opuesto al que se paga en otras latitudes que han contribuido en el pasado mucho más a esta crisis climática.

Hoy consideramos que todos los esfuerzos por las finanzas verdes, por la unificación regulatoria, también es un deber.

Comercio e integración

Y quiero destacar otro valor: el comercio y la integración.

Sin lugar a dudas, hay que avanzar mucho más en la inversión entre los países del hemisferio, y también en el comercio, porque el comercio intrarregional es muy bajo, comparado con otras regiones del mundo.

Por eso celebro la iniciativa que ha lanzado el Presidente Biden, de esta alianza hemisférica por la prosperidad económica.

La acompañamos y queremos que, en el marco de los tratados de libre comercio vigentes, aceleremos la accesibilidad de productos, porque cuando llega un producto de nuestros países a los principales mercados del hemisferio, se transforma efectivamente la vida de muchas personas en nuestra ruralidad.

Hoy quiero también hacer referencia a esa defensa irrestricta de los derechos humanos y particularmente también, acoger las voces que claman para que podamos asumir ese tratado internacional para rechazar todas las formas de violencia contra las niñas y las mujeres.

Allí tenemos concentrados uno de los mayores dramas de nuestra región, el drama de ver, no solamente exclusión, sino toda forma de violencia.

Hoy también es oportuno levantar nuestra voz, y nos sentimos orgullosos al hacerlo, porque nuestro país ha asumido –por primera vez en su historia– una transformación en virtud de los derechos de la mujer.

Con gabinetes paritarios, con la primera mujer Vicepresidenta y hoy también Canciller.

Y hacerlo en un Estado donde el 46% de sus principales gestores está en cabeza de mujeres. Una inversión social que llega a todas las regiones, y que tiene la trazabilidad de tener como destinatario a la mujer.

Una Colombia resiliente

Queridos presidentes y jefes de Estado:

Permítanme concluir esta intervención hablando también de mi país, de Colombia. De una nación resililente, fuerte, llena de esperanza y de motivación.

De una nación que no se amaina y que ha enfrentado en los últimos años las adversidades más grandes. La pandemia, sus consecuencias económicas y sociales, la mayor crisis migratoria que haya vivido un país del hemisferio y por primera vez un huracán categoría 5, que ha golpeado a nuestro territorio insular.

Hoy esta Colombia muestra su resiliencia con el mayor crecimiento de su historia reciente, con la menor informalidad laboral desde que se llevan esos indicadores, con la menor pobreza multidimensional desde que nos guiamos por ese importante indicador acogido por el multilateralismo, por haber logrado las mayores exportaciones agrícolas y de bienes y servicios.

Por haber logrado inaugurar en este gobierno, el mismo número de kilómetros de carreteras que en los primeros 25 años de concesiones. De haber llegado a la menor tasa de homicidios promedio en cuatro años más de 40 años y dejarle a nuestro país el mayor aumento real del salario mínimo en más de 50 años, con el sueño también construido, de dejar la educación pública universitaria para la clase media emergente y los más necesitados.

Todos estos logros han sido en democracia y seguirán siendo en democracia. Sobre todo, cuando se aproxima una nueva transición democrática, que será pacífica, que tendrá todas las garantías institucionales.

Me despido, apreciados presidentes y primeros ministros, reiterando que hoy más que nunca tenemos que mantener claros y firmes nuestros principios; no mutarlos, y no mutarlos por razones de ocasión.

Hemos defendido la Carta Democrática Interamericana, hemos defendido la Cláusula de Quebec.

Debatamos nuestras diferencias en democracia, pero nunca estas cumbres serán territorio fértil para los dictadores del hemisferio.

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