Los treinta años de nuestra Constitución

Por: Ramón Elejalde Arbeláez

Este cuatro de julio cumple treinta años de vigencia nuestra Constitución, documento que fue producto de la concertación entre las diversas corrientes políticas y sociales que para la época existían en Colombia.

Allí convergió la izquierda que acababa de acogerse a un proceso de paz, representada en el M-19 y la extrema derecha en cabeza de uno de los históricos de esa corriente, el doctor Álvaro Gómez Hurtado.

También se tuvo la presencia del partido Liberal, la Unión Patriótica, los cristianos, movimientos estudiantiles y del partido Conservador.

Estuvo pues todo el espectro ideológico con presencia en la Asamblea Constituyente que edificó paciente y concertadamente una Constitución llamada a facilitar grandes transformaciones en la nación colombiana.

Si no fue así, gran culpa la tienen quienes han convertido esa magnífica Carta en una colcha de retazos que ya cuenta con más de cincuenta y cuatro reformas, cuando la Constitución expedida en 1886, con ciento cinco años de vigencia, tuvo setenta reformas.


Grandes transformaciones nos brindó la nueva Carta Constitucional, cito algunas que considero importantes: a- Reconocer como principio rector del Estado, la Supremacía Constitucional, elemento estructural de los Estados constitucionales y democráticos de derecho.

b- La consagración de los derechos fundamentales, los económicos, sociales y culturales y los colectivos, con un mecanismo expedito y efectivo para que la persona pueda exigir el respeto a sus derechos fundamentales, como fue la acción de tutela.

c- La creación de la Corte Constitucional, la Fiscalía General de la Nación, el Consejo Superior de la Judicatura. d- Consagró la autonomía del Banco de la República.

e- Estableció la democracia participativa y que la soberanía reside exclusivamente en el pueblo, del cual emanan los poderes públicos.

f- Puso fin al bipartidismo en Colombia, permitiendo la fácil aparición de infinidad de partidos políticos. Esa anarquía llevó a que posteriormente apareciera el umbral en los resultados electorales y así poner fin a esa proliferación malsana de partidos, partiditos y movimientos políticos. Hoy, esa decisión de la Constituyente, no ha sido aún evaluada por la opinión pública.


La gran inconformidad social que hoy vive Colombia ha llevado a que algunos propongan se convoque una nueva Asamblea Constituyente, lo que de suyo es un error. El país no puede estar cambiando de constituciones, las normas superiores tienen vocación de permanencia, en defensa de la seguridad jurídica. Las constantes reformas nos hacen ver como una república bananera. El constituyente secundario debe serenarse e impedir esa costumbre perniciosa que me ha llevado a decirle a mis alumnos que en Colombia tenemos tres deportes nacionales: el fútbol, el ciclismo y las reformas a la Constitución.

¡Qué viva y por muchos años, la Constitución de 1991!

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