Imposición Incomprensible

Norman Correa Betancur| Defensor del Territorio | Miembro Mesa Técnica del Suroeste

 

Recientemente nuestro actual Ministro de Minas y Energía, Dr. Diego Mesa Puyo, escribió una columna de opinión que apareció en el Periódico El Tiempo titulada Oposición Incomprensible, aduciendo en ella argumentos históricos, económicos, sociales y hasta ambientales de porqué el país debe hacerle calle de honor al sector minero y ponerlo como portaestandarte de la recuperación económica pospandemia.

Señor Ministro, quienes privilegiamos otras actividades económicas acorde con las vocaciones y tradiciones de los territorios no partimos del obtuso principio que lo que hay en el subsuelo debe imponerse y pasar por encima de lo que hay en el suelo, nuestra legislación minera actual, prácticamente permite que cualquier lugar del país (contadas excepciones) pueda ser titulado para exploración, y si cumple los requisitos, que no incluyen la licencia social, solo la ambiental, puedan ser explotados. Dirá Usted que con la Audiencia Pública se cumple con la licencia social, pues no, ese es un mero trámite en un check list de pasos determinados en una institucionalidad que aún no tiene la robustez suficiente para generar una ecuación econométrica de costos y beneficios que incluya todas las variables, y deja convenientemente para el solicitante, la elaboración del Estudio de Impacto Ambiental, que generalmente las empresas mineras lo mandan a hacer tipo sastre.

Lo quiero poner en los zapatos del otro, sí en Colombia existieran los “Títulos Cafeteros” y una Multinacional Americana o Europea o Asiática accediera a ellos, y le fueran titulados territorios en municipios como Marmato (Caldas), Muzo (Boyacá) o Segovia (Antioquia) y en la prospección encuentran tierras aptas para la producción extensiva de café en territorios con vocación y tradición minera, pero dadas las condiciones jurídicas e institucionales que privilegian el título cafetero, por encima de otras actividades, y dado que el café es la actividad económica más representativa del país (por la que somos reconocidos mundialmente) y es intensiva en mano de obra, además que fácilmente logra democratizar la riqueza, se impone entonces el criterio que los mineros deben “vender o entregar” sus tierras a estas multinacionales cafeteras, dado además que con los aportes que harán vía regalías cafeteras, se construirán las escuelas, los acueductos, las vías campesinas y los hospitales y centros de salud que el desarrollo social de los territorios demandan … pero el mundo real no es así Señor Ministro.

No hay ni títulos ni regalías cafeteras y el café no se impone por encima de otras actividades económicas, no obstante la institucionalidad cafetera sí ha construido las escuelas, los acueductos, las vías campesinas y los centros de salud que demandan nuestros territorios y adicionalmente el café ha democratizado la riqueza a través de las más de 563.000 familias en el país que son propietarias de pequeñas parcelas que producen no solo café, sino también comida para la seguridad y soberanía alimentaria tan requerida en medio de esta pandemia. Pero bueno, la realidad jurídica (no la social) es que quienes hoy en Colombia tienen el respaldo institucional montado en una locomotora, son los titulares mineros y no los campesinos cafeteros.

Señor Ministro, resulta incomprensible que en territorios con arraigo, potencialidades y vocaciones históricas y culturales que pasaron de ser comparativas a convertirse en competitivas, como el cultivo de cítricos, aguacate, café, plátanos y la actividad turística creciente, se trate a toda costa de imponer la valía de un título minero sobre el querer de la gente y sobre unas actividades que ya tienen presente y cada día solidifican su futuro; la insensatez de prender la locomotora minera en un territorio con arraigo y visión ambiental como el Suroeste Antioqueño, llevándose por delante con su pretendido Distrito Minero la cultura campesina y pueblerina, los paisajes idílicos de la región, cambiándole la centralidad, que hoy la ostenta el Río Cauca, a convertir a la mina en el nuevo centro del territorio, resulta además de insensato e incomprensible: dictatorial.

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Hoy no existe en Colombia un mecanismo adecuado en nuestra legislación para que se coordine y concurra entre el estado nacional, el departamental y los territorios, ese querer vendernos que lo social está Ok, porque se hicieron unas reuniones de socialización, se repartieron unos refrigerios y se recogieron unas firmas donde consta la asistencia (más no el acuerdo o beneplácito con el proyecto minero), es una visión reduccionista e insultante de lo que debe ser un consenso social territorial. Adicionalmente desconocer que los concejales y alcaldes de 13 municipios de la subregión elevaron a acuerdo municipal la defensa de su patrimonio ambiental y cultural, así hoy esos acuerdos demandados no gocen de legalidad, no les quita su constancia de legitimidad.

Imponernos una mina o un distrito minero porque en el subsuelo hay unos metales y pasar por encima de lo construido en el suelo, desconocer las voces de una sociedad civil organizada y arraigada con las actividades económicas y culturales hoy existentes, tratar de comprar simpatías regalando tapabocas, mercados, uniformes y computadores, desconocer la solicitud de los fundadores de Jericó hace 170 años, cuando le pidieron a mazamorreros, guaqueros y mineros que se fueran, que esas tierras eran para cultivar y no para minar, insultar nuestra inteligencia diciéndonos que no es una mina, sino un parque biodinámico con mina lo que pretenden construir y que la montaña de relaves será un nuevo bosque revegetalizado y lleno de biodiversidad, insistir en que el cráter de subsidencia será un nuevo hito turístico, enterrar a la Santa madre Laura en un socavón, modificar la centralidad territorial de la vida y el quehacer de los suroestanos porque una empresa extranjera así lo determina, es sin duda una imposición incomprensible.

Dijo usted Señor Ministro que su afecto por Jericó está sustentado en su conexión con el territorio por lazos familiares y de ancestro, lo invito a que haga gala de esa conexión con la herencia de sus antecesores y defienda el derecho que tenemos los suroestanos de autodeterminar nuestro presente y futuro, sin que la ambición y la codicia de una multinacional minera arrase con la herencia que nos dejaron los abuelos.

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