Fuego Amigo en el Gobierno Petro: ¿Falta de Liderazgo o Estrategia Política?

En el seno del Gobierno de Gustavo Petro, el llamado “Gobierno del Cambio”, las tensiones internas no parecen disminuir. Lo que en un inicio podría parecer un simple desencuentro de opiniones entre miembros del gabinete, ha escalado hasta convertirse en una serie de disputas públicas y cuestionamientos éticos que han comenzado a empañar la imagen del Ejecutivo. Al centro de este fuego amigo se encuentran figuras de gran peso, como la canciller Laura Sarabia, el embajador Armando Benedetti y el senador Gustavo Bolívar, cuyos roces no solo resuenan en los pasillos del poder, sino que han llegado a los estrados judiciales.

A medida que las diferencias entre estos actores clave se vuelven más notorias, el presidente Petro se ve obligado a intervenir, tratando de calmar los ánimos en un entorno cada vez más conflictivo. No se trata únicamente de rivalidades políticas o disputas personales, sino de un cuestionamiento profundo sobre la moralidad y la capacidad de ciertos miembros del gabinete para desempeñar sus cargos con ética. Esta situación no solo refleja un desgaste interno en el equipo de gobierno, sino también una clara falta de control y cohesión en la administración presidencial.

El papel del presidente Petro en este conflicto ha sido objeto de análisis y crítica. Para la profesora María Margarita Zuleta, directora de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes, esta crisis es un reflejo de la ausencia de reglas claras dentro del equipo presidencial. En sus palabras, «es evidente que faltan reglas de juego por parte de un líder para que esto no se desmadre». En otras palabras, el presidente debería haber establecido un límite claro sobre cómo se deben manejar las discusiones, especialmente en un contexto tan público. Esta ausencia de liderazgo efectivo se está evidenciando de manera cada vez más palpable y está afectando la estabilidad del gobierno.

Pero más allá de las cuestiones de liderazgo, el conflicto dentro del gobierno también está marcado por el contexto político-electoral del año. El 2023 y 2024 son años preelectorales, y cada miembro del gabinete parece estar buscando posicionarse para una futura disputa por el poder. La profesora Patricia Muñoz Yi, directora de Posgrados de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana, señala que los actores involucrados en este conflicto están intentando posicionarse como los campeones de discursos como la lucha contra la corrupción o la eficiencia en el manejo de los recursos públicos. Estos discursos, si bien son vitales para cualquier gobierno, se han convertido en el terreno de disputa para quienes buscan ganarse el favor de los votantes en un futuro cercano.

En este contexto, la disputa por el liderazgo y la apropiación de temas clave se vuelve aún más evidente. La falta de unidad dentro del Gobierno no solo debilita la estructura del gabinete, sino que también socava su capacidad para llevar a cabo políticas públicas eficaces. Cada enfrentamiento parece ser una batalla por el control de la narrativa sobre lo que significa ser un líder ético y responsable en el contexto de la política colombiana. Este juego de intereses está minando la eficacia del Gobierno de Petro y generando incertidumbre en su capacidad para gobernar con eficacia.

La confesión reciente de Petro sobre su falla de “creer mucho en la gente” que lo rodea añade una capa más de complejidad a este panorama. Al reconocer la falta de juicio en la selección de algunos de sus colaboradores, el presidente parece admitir que su confianza ciega en ciertas figuras ha contribuido a la erosión de su gobierno. Sin embargo, ¿es esta realmente la causa principal de los conflictos internos? O quizás, ¿está siendo el líder víctima de una estrategia política en la que las disputas internas son una herramienta para posicionar a ciertos actores en la carrera presidencial?

Finalmente, el presidente Petro, con su conocida frase “que caiga quien tenga que caer”, parece estar sugiriendo que esta purga interna es inevitable y necesaria. Pero la pregunta que persiste es si, en medio de este fuego amigo, el gobierno de Petro podrá recuperar su cohesión y liderazgo, o si, por el contrario, las disputas seguirán arrastrando a la administración hacia un rumbo incierto. Lo que está en juego no es solo el futuro político de los implicados, sino el rumbo mismo del “Gobierno del Cambio” y su capacidad para cumplir con las promesas de transformación que motivaron su llegada al poder.

Deportes