Estados Unidos, ¿sistema político en crisis?

Armando Estrada Villa

Armando Estrada Villa | Ex ministro y catedrático

aestradav@une.net.co

 

Dice el profesor de la Universidad de Harvard Karl W. Deutsch en su libro Política y Gobierno que existen pruebas cuantitativas y cualitativas de la actuación de los sistemas políticos que permiten establecer su calidad. Entre las pruebas cuantitativas, medidas con indicadores, menciona el presupuesto público, la esperanza de vida al nacer, el crecimiento económico, el ingreso per-cápita, el nivel educativo, la magnitud de la desigualdad y la participación política. Y en las pruebas cualitativas, evaluadas por la conducta de sus líderes y de la población, hace mención de la calidad de los líderes y de los tipos de personalidad y comportamiento que produce entre hombres y mujeres comunes y corrientes.

Los sucesos acaecidos en Estados Unidos durante los últimos meses obligan observar qué tal es la calidad de su sistema político. En lo referente a las pruebas cuantitativas de actuación debe partirse de la base que muchas se afectaron por la pandemia, excepción de la participación electoral que aumentó. En lo cualitativo, vale la pena mirar la conducta del presidente Trump como máximo líder de la nación y de muchos de sus seguidores.

         

El triunfo de Trump, en 2016, fue reconocido sin discusión por el partido demócrata, gracias a la rigurosa aplicación del sistema electoral norteamericano, lo que le permitió asumir la presidencia sin ningún tropiezo, no obstante, el triunfo por más de tres millones en la votación popular de Hilary Clinton. Trump, demostrado evasor de impuestos, en su ejercicio del poder se caracterizó por su racismo, xenofobia, intolerancia y rechazo de evidencias científicas sobre el calentamiento global y la pandemia del covid-19.

Pero lo más crítico de su conducta se manifestó por la forma como reaccionó ante el resultado de las elecciones de noviembre de 2020. Aunque perdió en el colegio electoral y también en el voto popular, se ha negado a reconocer su derrota y el triunfo de Joe Biden, alegando un supuesto fraude electoral. Además, se ha dedicado a instigar a sus partidarios más radicales a que no solo desconozcan la legitimidad del ganador de las elecciones, sino a que empleen medios violentos, tal como ocurrió con el asalto al Capitolio, cuando el Congreso discutía la confirmación de Biden como presidente.

Estados Unidos ha tenido prominentes líderes ocupando la presidencia como Washington, Jefferson y Lincoln, y así mismo poco significativos como Martin Van Buren, James Buchanan y Calvin Coolidge, pero su sistema político no ha permitido que llegue a la presidencia un hombre que haya sido ambicioso en exceso, tramposo, corrupto o criminal. En general, los estadounidenses han impedido que el presidente se coloque por encima de la ley. Nixon, por ejemplo, fue castigado por sus acciones ilegales.

Sin embargo, ahora pudo verse al primer mandatario de la nación cuna de la democracia desconociendo la voluntad popular expresada en las urnas y también exhortando a la violencia para caldear el clima político y a sus partidarios seguir dócilmente sus instrucciones y entrar por la fuerza al Capitolio. Acontecimiento que mostró baja calidad del liderazgo presidencial e igualmente comportamiento delictivo de hombres y mujeres corrientes ante la incitación de su jefe político. ¿Será la presidencia de Trump apenas un momento desafortunado en la vida política de Estados Unidos o su liderazgo nocivo tendrá fuerza suficiente para bajar la calidad de su sistema político y de su democracia?

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