El uribismo en aprietos

Por: Armando Estrada Villa

El uribismo ha sido factor determinante en la elección de los últimos presidentes de la República y en la dirección de los destinos de Colombia de 2002 en adelante. En la actualidad, en 2022, después de veinte años de ser el principal protagonista de la política nacional, empieza a mostrar franca decadencia, tal como lo pone de presente su disminución de votos en las elecciones legislativas del 13 de marzo, la consiguiente baja en el número de curules en el Congreso de la República, la no presentación de candidato presidencial para el periodo 2022-2026, por primera vez después de cinco elecciones en que siempre presentó —triunfando en cuatro y solo perdiendo en una, en las de reelección de Juan Manuel Santos—, y la derrota de su candidato Federico Gutiérrez en la jornada electoral del 29 de mayo.

Quizá por estas razones escribió EL COLOMBIANO en su editorial del lunes 30 de mayo que uno de los mensajes que se desprenden del resultado de la votación del día anterior es que “estas elecciones son la confirmación del fin de la era del uribismo. O al menos del uribismo como gran elector”. Pero ahora, ante la alternativa que ofrece la democracia entre Gustavo Petro y Rodolfo Hernández, este partido está enfrentado a un serio dilema, pues se siente obligado a votar por un candidato que no solo lo rechaza, sino que le manifiesta clara repulsión. Pero lo más difícil para el uribismo es que lo pone en abierta contradicción con posiciones políticas y morales, con valores y principios, que forman parte del credo ideológico que ha defendido con ardentía.

Muestra evidente de ello es que el candidato Hernández, para que no quedaran dudas de que nada quiere con el uribismo, entre las 7.15 y 7.35 de la noche del 30 de mayo, un día después de las elecciones, envió veinte trinos en los que manifestó: “No coman cuento. Aquí les dejo veinte diferencias que tengo con el uribismo”. Y entre ellas pueden destacarse las siguientes: apoyo a la diversidad sexual y de género, impulsando el matrimonio igualitario y la adopción por parejas del mismo sexo; apoyo al aborto dentro de los tiempos estipulados por la Corte Constitucional (24 semanas); legalización de la marihuana medicinal y recreativa; oposición al fracking y glifosato; implementación del acuerdo de paz con las Farc y negociar con el ELN; rechazo a la modificación de la ley de garantías y restablecimiento de las relaciones con Venezuela, entre otras.

Por otro lado, hay más diferencias manifiestas en el discurso de Rodolfo. Trata al Congreso de “nido de ratas” donde el uribismo ha sido amo y señor; se refiere a funcionarios de gobiernos anteriores marcados por la incapacidad, la ineficiencia y la corrupción a sabiendas de que el uribismo ha gobernado ocho años con Álvaro Uribe y cuatro con Iván Duque; dice que va acabar la “robadera” de los fondos públicos y resulta que el uribismo ha sido el responsable del manejo de estos durante doce años, del 2002 al 2010 y del 2018 al 2022. Existen otras propuestas del candidato que riñen con posiciones que el uribismo ha sostenido en el gobierno y en el Congreso, como rebajar el IVA al 10 % y eliminar el 4 x 1.000 a las transacciones bancarias. Dadas estas circunstancias políticas y electorales, pasa el uribismo en estos días por una verdadera encrucijada del alma 

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