En la última semana, una nueva carta escrita por un productor de RTVC ha dejado al descubierto el grave panorama que se vive en el medio público. Juan Pablo Herrera, un veterano productor que trabajó allí durante seis años, se suma a una lista de exfuncionarios que han denunciado el maltrato y el abuso laboral bajo la administración del actual gerente, Hollman Morris. La misiva, que el mismo Herrera ha decidido compartir públicamente, pone al descubierto el sufrimiento de muchos empleados de la entidad, quienes no solo enfrentan condiciones laborales precarias, sino que también luchan contra un clima de acoso y humillación sistemática.
Este testimonio se suma a los de otras figuras reconocidas, como Carolina Bustamante, la premiada periodista, o Silvana Orlandelli, exdirectora de Señal Colombia, quienes también han criticado abiertamente la gestión de Morris. En sus cartas, estos exfuncionarios no solo revelan la desorganización y el mal manejo administrativo, sino que denuncian un entorno de trabajo tóxico, marcado por el autoritarismo, las injusticias y el abuso de poder. Las cifras son alarmantes: varios empleados, muchos de ellos contratados bajo la modalidad de prestación de servicios, viven una incertidumbre constante debido a la inestabilidad de sus contratos, mientras que otros, ante la falta de respuesta por parte de la dirección, decidieron abandonar el medio en busca de un entorno más saludable y digno.
Lo que ha quedado claro, a través de estas cartas y testimonios, es que RTVC se ha convertido en un campo de batalla emocional para muchos de sus empleados. Herrera, en su desgarrador testimonio, recuerda el sufrimiento de sus compañeras de trabajo, víctimas de abusos de todo tipo. Con un tono que destila dolor y arrepentimiento, relata cómo no fue capaz de defenderlas en su momento, atrapado por el miedo y la impotencia ante el poder de un individuo que se erige como un líder imparable dentro de la entidad.
Sin embargo, las denuncias no se limitan solo a las agresiones verbales o psicológicas. En las cartas de denuncia, varios exfuncionarios de RTVC también aluden a casos de acoso sexual, lo que agrava aún más la situación. El entorno laboral, lejos de ser un espacio de crecimiento y colaboración, se ha transformado en una prisión emocional donde las víctimas no solo temen por sus empleos, sino también por su seguridad personal. La situación ha sido ignorada en su mayoría por la administración, que lejos de ofrecer respuestas, ha optado por atacar a los denunciantes, difamarlos y descalificarlos públicamente.
Una de las figuras más controversiales en este escenario es Hollman Morris, el actual gerente de RTVC, quien ha sido señalado por muchos de los exfuncionarios como el responsable directo del ambiente de acoso. Su estilo de liderazgo, según los testimonios, se caracteriza por una falsa superioridad moral, un trato despectivo hacia sus subordinados y una total indiferencia ante el sufrimiento que su gestión ha provocado. Aunque en público se presenta como un defensor de la justicia y la igualdad, en privado su comportamiento y decisiones dejan mucho que desear. La contradicción entre su discurso y sus actos ha generado una creciente desconfianza entre los trabajadores de RTVC.
Este escándalo también pone en evidencia una de las grandes contradicciones del discurso político del gobierno actual. Mientras que el presidente Gustavo Petro ha promovido una reforma laboral que busca mejorar las condiciones de los trabajadores en todo el país, la realidad en los medios públicos parece estar muy alejada de esos principios. Los contratos temporales, la falta de estabilidad laboral y la ausencia de una verdadera política de protección para los empleados son una clara contradicción con las promesas del mandatario. Así, lo que en teoría debería ser un espacio de comunicación democrática y pluralista se ha convertido en un caldo de cultivo para el maltrato y la explotación.
El caso de RTVC también refleja la fragilidad de las instituciones públicas frente al abuso de poder. Mientras algunos personajes dentro de la administración se mantienen impunes, los empleados de base, aquellos que realmente sostienen la estructura de la entidad, son los que sufren las consecuencias. En este contexto, las denuncias de acoso y maltrato laboral no solo son una tragedia humana, sino también un llamado urgente a la reflexión sobre la necesidad de una verdadera reforma en la gestión pública.
A medida que las cartas siguen saliendo a la luz, la pregunta que surge es qué medidas tomará el Gobierno frente a esta crisis. La defensa de los derechos laborales y la creación de un entorno de trabajo digno deben ser prioritarios, especialmente en instituciones que se encargan de la comunicación pública. Las víctimas, como Juan Pablo Herrera, merecen que sus voces sean escuchadas, que se reconozca su sufrimiento y que se tomen acciones concretas para evitar que otros pasen por lo mismo. Este caso no debe quedar en la impunidad; el maltrato laboral no puede ser tolerado en ningún ámbito, y menos en aquellos que tienen la responsabilidad de ser un ejemplo de ética y profesionalismo.
Este es un momento crucial para RTVC, y para la administración de Petro en general. La forma en que se resuelva este conflicto será clave para la credibilidad del gobierno y la legitimidad de las instituciones públicas. Los trabajadores merecen no solo justicia, sino también un futuro en el que puedan desarrollarse y crecer sin temor a ser víctimas de abusos. Solo así, el medio público podrá recuperar su honor y su misión de servir a la sociedad.