Contracorriente: Un pobre balance el de Duque

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Por: Ramón Elejalde Arbeláez 

Pocas horas quedan del mandato que el pueblo colombiano le entregó a Iván Duque para que nos presidiera por cuatro años. El balance final es precario en realizaciones y deficitario en temas de derechos humanos, paz, empleo, transparencia, medio ambiente, inflación, combate a la pobreza y a la inequidad. Su gran realización, sin lugar a duda, el programa de vacunación contra la pandemia del Covid. El respeto a la vida, especialmente de excombatientes de las Farc y de líderes sociales, es otro pasivo notorio de su cuatrienio.  

Duque inició su mandato con el pie izquierdo y en muchas columnas de opinión se lo advertimos. Su inicial propósito fue introducirle reformas fundamentales al acuerdo de paz y desmontar la Justicia Especial para la Paz (JEP), columna vertebral del pacto con las Farc. En eso desgató su capital político inicial, sin que lograra desbaratar lo construido y por el contrario, comenzara, muy en los albores del mandato, una pérdida de credibilidad entre la opinión pública. Cuando comprendió que había errado el camino y que el desgaste era inútil, le llegó la pandemia y lo puso contra la pared. Creyó que hablándole a los colombianos todos los días por los canales de televisión enmendaría el camino torcido por el cual comenzó. Lo que obtuvo fue fatigar a los televidentes y su presencia volverse pesada. Descolló más su ministro de Salud, doctor Fernando Ruíz Gómez, quien, con Juan Daniel Oviedo Arango, director del DANE, fueron las únicas estrellas del Gobierno.  

El Gobierno Duque no fue austero, por el contrario, pasará a la historia por derrochón. Permitió el crecimiento burocrático de la Procuraduría y de la Contraloría; tuvo a su cargo infinidad de asesores; viajó por todo el mundo, siempre con un crecido número de acompañantes; abusó con su familia de los aviones y helicópteros oficiales; dejó beneficios vitalicios a sus amigos y cercanos; cambió leyes para repartir billones para ganar elecciones, lo que afortunadamente no logró. 

Los resultados económicos son desastrosos: Una tasa de desempleo del 10,6 %, una informalidad laboral superior al 44 %, un aumento de la pobreza que llega al 40 % y la pobreza extrema al 12 %, una deuda externa cercana al 50 % del PIB, la mayor inflación de los últimos veintidós años (9.67 %), una devaluación del 43 % del peso frente al dólar, las Naciones Unidas nos igualan con Haití y Honduras como los Estados en peligro de una gran hambruna y por lo tanto de una monumental desnutrición. 

El respeto por la vida no ha sido precisamente lo de mostrar de Iván Duque. Han sido asesinados, durante su mandato, doscientos cincuenta y dos (252) firmantes del acuerdo de paz con la Farc y más de ochocientos cincuenta (850) líderes sociales, amén de la escandalosa suma de cincuenta y cuatro (54) masacres. Esto sin contar el número de jóvenes asesinados durante las protestas sociales y los que perdieron sus ojos en confrontaciones con la fuerza pública y los cerca de medio millón de colombianos desplazados de sus tierras. El llamado Clan del Golfo está prácticamente apoderado de unos diez (10) departamentos y en cerca de ochenta (80) municipios comparten los irregulares el poder con las autoridades legítimas.  

La corrupción campeó libremente por infinidad de despachos oficiales. Del ministerio de las Telecomunicaciones se llevaron setenta mil millones de pesos, a la paz le birlaron más de quinientos mil millones y el listado sería interminable y las sanciones no se vieron por parte alguna.  

La “raspada de olla” de los últimos días de Duque en el poder es un episodio vergonzoso y lamentable. Nombraron cerca de ciento cincuenta notarios (150), a muchos de ellos les crearon el cargo; adjudicaron billonarios contratos de obras y para adquirir medicamentos para la fuerza pública; nombraron amigos en el servicio exterior; acomodaron estatutos de empresas oficiales para perpetuar en el poder a los amigos; repartieron auxilios y dineros a entidades territoriales gobernadas por sus conmilitones; coparon los cargos de período existentes en algunas instituciones estatales. En fin, un verdadero festín, que jamás habíamos presenciado en este subdesarrollado Colombia. 

Duque se va con más vergüenza que gloria. Triste realidad.   

Amable lector, ¿ya comprendió las razones para el triunfo de Gustavo Petro? 

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