Contracorriente: Tremenda gavilla

Por: Ramón Elejalde Arbeláez 

Inocultable que hoy lo que existe contra el candidato del Pacto Histórico, Gustavo Petro, es una monumental gavilla para derrotarlo a como dé lugar. El TOCONPET (Todos contra Petro) es una realidad palpable y hasta molesta. Del TOCONPET hacen parte el Gobierno (del presidente y los ministros para abajo), los grandes medios de comunicación (Caracol Radio y Televisión, RCN Radio y Televisión, El Tiempo, Semana, Blu Radio, La FM y un larguísimo etcétera), los partidos políticos (Centro Democrático, Conservador, la U, Cambio Radical, Mira y lo que queda del partido Liberal), algunas firmas encuestadora (Guarumo especialísimamente), los grandes gremios económicos y toda la plutocracia que domina, desde hace muchos años, el poder en Colombia. No es ni pequeña ni despreciable la gavilla contra Petro.  

La verdad es que a los gavilleros les correspondió bailar con la más fea, al frente tienen a un candidato sólido, preparado, que le cabe el país en la cabeza, que tiene propuestas y programa, hábil, inteligente, como lo es Gustavo Petro y de su lado, por situaciones de la política y del caprichoso devaneo de los electores, les tocó defender un candidato con serios problemas de personalidad, que cada que habla dice algo políticamente incorrecto, para decirlo de una manera elegante. No obstante, el contraste tan marcado entre los candidatos, los del TOCONPET persisten con pasión en defender lo que parece ser un salto al vacío para esta pobre patria.  

No ha sido afortunado el candidato del oficialismo cuando ha lanzado expresiones como: Con esa Ley me limpio el culo; aquí recibimos a la Virgen Santísima y a las diez mil putas que viven con ella; me dan sesenta millones y cuando sean elegidos, el diez por ciento del salario; Fico se tiró doscientos mil millones de pesos comprando periodistas; Yo soy seguidor de un gran pensador alemán, se llama Adolfo Hitler; necesitamos que los empresarios entiendan que el mejor negocio del mundo es tener gente pobre con capacidad de consumo; el ideal sería que las mujeres se dedicaran a la crianza de los hijos. Cualquiera de estas desafortunadas frases o de cientos que no tengo espacio para citar, bastarían para desplomar, en cualquier país sensato, una candidatura presidencial. Aquí no sucede eso. Aquí una poderosa gavilla de factores de poder se alineó al lado de semejante adefesio por odio al otro candidato.  

 El último episodio de esta tragicomedia colombiana es aún más inexplicable. La campaña de Gustavo Petro es infiltrada y obtienen, ilegalmente, horas y horas de grabaciones de sus reuniones estratégicas para enfrentar el debate electoral. Las mismas son filtradas por una revista y de inmediato todos los medios al servicio de la candidatura oficial dedican amplios espacios a “informar” a la opinión pública con los “horrores” que las grabaciones contienen. Arman un escándalo mediático de proporciones gigantescas. Ninguno se preocupó por denunciar la gravedad de espiar una candidatura con fines protervos.  

Resta por ver si la Registraduría, encargada del certamen electoral, hace parte de la gavilla o si presidiará un debate pulcro, como lo espera el pueblo colombiano. 

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