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lunes, septiembre 25, 2023
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Contracorriente: Terrible el bullying a Francia Márquez

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Por Ramón Elejalde Arbeláez 

Doloroso y exagerado el acoso en redes sociales y algunos medios de comunicación a que viene siendo sometida la señora vicepresidente de la República Francia Elena Márquez Mina. No existe ninguna consideración ni con la dama, ni con la dignidad que ostenta. En ocasiones se llega a niveles rastreros que no merecen siquiera ser citados acá para no revictimizar o repetir basura en este artículo.

Francia es una digna representante “del pueblo negro, raizal y palenquero; madre de dos hijos y cuidadora de la casa grande: el útero mayor, la Madre Tierra. Nació en Suárez (Cauca), en medio de una montaña surcada por dos ríos, donde sus abuelos, abuelas, padres y ella misma tienen el ombligo sembrado” (Página web, Presidencia República)

No creo que el gran pecado de Francia Márquez consistió en visitar a su familia en un condominio en Dapa, corregimiento del municipio de Yumbo, en el Valle del Cauca, utilizando helicópteros de la policía o del ejército nacional. El pecado mayor de nuestra vicepresidente es ser mujer y mujer negra. Pareciera que esas dos condiciones son imperdonables para sectores machistas, racistas y clasistas, que tanto abundan en nuestro medio. Impedirle a Francia visitar a su familia en condiciones de dignidad y seguridad es una injusticia de marca mayor y un odio imperdonable a una persona que viniendo de estratos excluidos ha logrado superarse y llegar a tan alta dignidad. Francia es una reivindicación de las clases populares de Colombia.

Olvidan los críticos que la señora vicepresidente fue objeto de un intento de atentado cuando viajaba al mismo lugar de Dapa por vía terrestre y sus custodios lograron detectar a tiempo una fuerte carga de dinamita en la vía que ese día recorrería doña Francia. ¿Qué pretenden? ¿Qué la asesinen? Incomprensible posición.

Los críticos más ácidos de hoy fueron los que justificaron antaño el viaje de la familia presidencial en avión oficial al eje cafetero para celebrar una fiesta de cumpleaños; los que guardaron silencio cuando desde Cartagena a Bogotá enviaron un avión adscrito a la presidencia para que le llevara un traje especial a la primera dama de entonces o los que nada dijeron cuando un primer mandatario envió por un grupo musical a Barranquilla; o con los paseos familiares de algún alto funcionario del Estado a San Andrés. Terrible doble moral. Sepulcros blanqueados. ¡Y me faltan ejemplos por citar!

Es cierto que la reacción de la vicepresidente ante el alud de críticas no fue la mejor y la más diplomática: “Perdónenme los colombianos por decirlo así, pero de malas. Soy la vicepresidente de este país y mientras lo sea, el Estado tiene la responsabilidad de brindarme todas las garantías de seguridad necesarias para yo cumplir con mi tarea como vicepresidente”. Pero la entiendo, es tal el bullying en su contra que la paciencia tiene límites.

Pidámosle a la señora vicepresidente que mejore su lenguaje, roguemos a los críticos que ahonden en su oposición, pero que lo hagan con respeto para con una dama que ostenta una altísima dignidad.

“Firme con las ideas, suave con las personas”. 

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