Alerta en la costa Pacífica: ordenan evacuar por amenaza de tsunami tras terremoto en Rusia

La madrugada del miércoles trajo consigo un estremecimiento que cruzó océanos y sacudió conciencias. Un terremoto de magnitud 8,8, con epicentro frente a la costa este de Rusia, activó de inmediato los sistemas internacionales de alerta de tsunami, extendiendo su sombra de temor hasta las costas del Pacífico colombiano. La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) emitió una advertencia urgente: evacuar playas y zonas costeras en Chocó, Nariño, Valle del Cauca y Cauca. La amenaza, aunque aún incierta en su magnitud local, es lo suficientemente seria como para no dejar margen a la improvisación.

Desde las primeras horas del día, las autoridades comenzaron a desplegar planes de contingencia en las poblaciones ribereñas. En pueblos como Tumaco, Guapi, Bahía Solano y Buenaventura, las sirenas y los altavoces rompieron la rutina del amanecer. Se ordenó suspender toda actividad de pesca, cerrar las playas y evitar cualquier tránsito por zonas de bajamar. “Evacuar de manera preventiva” es, en este caso, una medida que podría marcar la diferencia entre la vida y la tragedia. Las imágenes de ciudadanos dirigiéndose a lugares altos reflejan tanto el miedo como la disciplina de comunidades que conocen bien la fuerza del mar.

La Dirección General Marítima (Dimar), por su parte, reforzó la alerta al ordenar el cierre inmediato de puertos menores y la restricción total al tráfico marítimo en las zonas afectadas. “La posibilidad de corrientes fuertes y olas de tsunami es real”, señalaron desde el organismo, al tiempo que desplegaron patrullas navales para acompañar la evacuación y vigilar el comportamiento de las aguas. Aunque las olas aún no han tocado tierra, las primeras variaciones en el nivel del mar ya han sido detectadas por sensores costeros.

Mientras tanto, el Gobierno Nacional activó el sistema de respuesta rápida, en coordinación con gobernaciones, alcaldías y organismos humanitarios. El presidente Gustavo Petro pidió “calma, pero no pasividad” y enfatizó la necesidad de atender las instrucciones oficiales. Las cadenas de desinformación en redes sociales, una amenaza en sí misma, ya comenzaron a circular con imágenes falsas y audios alarmistas. Por ello, las autoridades han reiterado que toda información verificada será difundida exclusivamente a través de canales oficiales como la UNGRD, Dimar y medios reconocidos.

El epicentro del sismo, en la península rusa de Kamchatka, dejó heridos y daños materiales significativos. Pero más allá del impacto local, el temblor puso en evidencia la red de vulnerabilidades compartidas por las naciones ribereñas del Pacífico. Japón, Hawái, Ecuador y Colombia activaron alertas casi simultáneas. Se trata de un fenómeno que nos recuerda la conexión invisible entre placas tectónicas y la responsabilidad común ante desastres naturales. Cada minuto cuenta cuando la naturaleza habla en su lenguaje más antiguo: el del movimiento profundo de la Tierra.

En Colombia, las comunidades afrodescendientes e indígenas del litoral han demostrado una resiliencia admirable. Muchos recuerdan simulacros pasados y saben qué hacer ante un aviso como este. Pero no todos los territorios cuentan con infraestructura adecuada ni rutas de evacuación señalizadas. Esta situación vuelve a poner en primer plano la necesidad de fortalecer el sistema de gestión del riesgo con inversión sostenida y enfoque territorial. No es solo una tarea técnica, sino también política y ética.

Por ahora, la alerta se mantiene y los ojos están puestos en el comportamiento del mar. Si las olas cruzan el Pacífico con fuerza suficiente, podrían alcanzar la costa en cuestión de horas. Si no lo hacen, la jornada quedará como un ejercicio preventivo que, lejos de ser inútil, habrá servido para afinar reflejos y salvar futuras vidas. La advertencia sigue vigente: lo importante, ahora, es actuar con serenidad, escuchar a las autoridades y entender que, frente a la furia del océano, la mejor defensa es la preparación colectiva.

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