La carrera por la presidencia de Colombia en 2026 ya comienza a mostrar sus primeras señales de turbulencia, especialmente dentro de la derecha, donde el Centro Democrático, el partido uribista, parece estar viviendo su propio fuego amigo. A medida que se acercan las elecciones, las intrincadas disputas internas se hacen cada vez más evidentes, y en esta ocasión, el choque entre dos figuras clave del uribismo ha captado toda la atención: la senadora María Fernanda Cabal y la periodista y precandidata presidencial, Vicky Dávila.
El motivo de la discordia es la incorporación de Alicia Arango a la campaña de Dávila, una figura que genera controversia debido a su estrecha relación tanto con Álvaro Uribe Vélez como con Iván Duque. Arango, exministra del Interior y del Trabajo durante el gobierno de Duque, y exsecretaria privada de Uribe, es vista por algunos sectores como un personaje clave para consolidar las alianzas del partido en un momento de fractura interna. Sin embargo, su arribo a la campaña de Dávila ha provocado inquietud en otros miembros de la colectividad, quienes ven en esta movida una posible jugada estratégica del expresidente Duque para ganar influencia en las próximas elecciones.
La llegada de Arango a la campaña de Dávila ha levantado una serie de interrogantes, especialmente sobre la posibilidad de que su presencia sea un intento de Iván Duque de influir en la carrera presidencial a través de sus leales. La senadora María Fernanda Cabal, figura prominente del Centro Democrático y conocida por sus posturas firmes y críticas, no tardó en manifestar sus dudas. En una entrevista con la W Radio, Cabal planteó una pregunta que resuena con fuerza: «Hay que preguntarle a Alicia Arango si ella es enviada del presidente Iván Duque. Ahí sabremos de qué lado está jugando Duque y si va a ser promotor de la campaña de Vicky Dávila».
Esta declaración no solo pone en duda las verdaderas intenciones de Arango, sino que también refleja una profunda desconfianza hacia el expresidente Duque dentro de las filas del Centro Democrático. Para Cabal, la figura de Arango es un símbolo de la influencia que Duque podría seguir teniendo sobre el partido, lo que pone en riesgo la autonomía del Centro Democrático en la construcción de su propia estrategia electoral para 2026. La senadora, con su estilo directo y sin rodeos, dejó claro que cualquier implicación de Duque en este proceso podría alterar las dinámicas internas de la colectividad.
El cuestionamiento de Cabal también tiene un trasfondo más amplio: la disputa por el control interno del partido uribista. En los últimos años, las tensiones entre las facciones del Centro Democrático se han intensificado, y figuras como Cabal, que representan una línea más radical del uribismo, han venido chocando con otros sectores más moderados dentro del partido. La elección interna del candidato presidencial para 2026, que aún está en pleno proceso, se está convirtiendo en un campo de batalla donde la lealtad a Uribe y la influencia de Duque jugarán un papel crucial en las decisiones que se tomen.
El enfrentamiento entre Cabal y Dávila no es solo una disputa sobre la candidatura presidencial, sino que también refleja un desacuerdo más profundo sobre cómo debe gobernarse el partido en el futuro. Mientras Cabal se muestra reticente a cualquier injerencia de Duque, Dávila parece estar apostando por una estrategia que podría abrir la puerta a una reconciliación entre los diferentes sectores del uribismo, lo que podría ser visto como un intento de aglutinar fuerzas para las elecciones de 2026. Sin embargo, esto no está exento de riesgos, pues la sombra de Duque sigue siendo un tema divisivo.
La cuestión de la autonomía del partido, sumada a la posible reaparición de Duque en la política, plantea interrogantes sobre el futuro del uribismo. ¿Estará el Centro Democrático dispuesto a seguir los dictados de su exlíder, o buscará consolidarse como una fuerza independiente que pueda reflejar la pluralidad de opiniones que existen dentro de sus filas? La respuesta a esta pregunta podría determinar no solo el rumbo de la campaña presidencial, sino también el futuro político de una de las principales fuerzas de derecha en Colombia.
El conflicto también pone en evidencia una tendencia más amplia en la política colombiana: la polarización interna dentro de los partidos tradicionales. El caso de Alicia Arango es solo uno de muchos ejemplos de cómo las viejas lealtades, las alianzas rotas y las disputas por el control de los recursos y la representación política están redefiniendo el mapa político del país. A medida que el Centro Democrático se prepara para las elecciones de 2026, será crucial observar cómo se resuelven estas tensiones internas y qué efectos tendrán en la construcción de una candidatura unificada.
En resumen, lo que parecía ser un simple movimiento estratégico dentro del Centro Democrático se ha convertido en un campo de batalla ideológico y político. La disputa por el control del partido, las dudas sobre la influencia de Duque y las tensiones entre sus principales figuras muestran que la derecha colombiana se enfrenta a una de sus mayores pruebas de unidad en la antesala de las elecciones presidenciales de 2026.