La ilusión de una paz total, prometida por el presidente Gustavo Petro al asumir su mandato, parece estar desvaneciéndose con el paso del tiempo. Las recientes declaraciones de miembros del Ejército de Liberación Nacional (ELN) dejan claro que el proceso de diálogo con esta guerrilla no solo está estancado, sino que la expectativa de un acuerdo de paz en el corto plazo es casi nula. En una entrevista concedida a Los Informantes, dos comandantes de este grupo armado, Silvana Guerrero y alias Ricardo, expresaron su desconfianza y frustración con el gobierno de Petro, al cual acusan de incumplir las promesas que había hecho en campaña. Según ellos, el proceso de paz no ha logrado avances significativos, y la propuesta de «paz total» parece haberse convertido en una simple retórica.
Uno de los aspectos más sorprendentes de la conversación fue la revelación de que el ELN, en parte, apoyó la campaña de Gustavo Petro durante las elecciones de 2022. Silvana Guerrero mencionó que su grupo desempeñó un «trabajo político» para que Petro pudiera llegar a la Casa de Nariño, ya que muchos creyeron que su candidatura podría representar un cambio verdadero para el país. «Se ayuda a elegir con el trabajo político que nosotros desarrollamos en el territorio por un candidato que generó una expectativa porque mucha gente pensó que Petro podría cambiar el rumbo del país», aseguró Guerrero. Este apoyo, aunque no fue una orden directa del ELN, sí dejó claro el interés de la guerrilla en que Petro fuera elegido, esperando que su gobierno tuviera la voluntad de negociar una salida a décadas de conflicto armado.
Sin embargo, lo que parecía un principio de esperanza se ha convertido en un profundo desencanto. El grupo guerrillero no tardó en reconocer que sus expectativas con el presidente Petro fueron erradas. Guerrero fue clara al afirmar que las promesas de paz fueron solo «cuento», y que la propuesta de acabar con el ELN en tres meses, como Petro había dicho en campaña, nunca se cumplió. Esta declaración revela la brecha creciente entre la realidad del conflicto y las promesas de un mandatario que buscaba transformar la dinámica de la violencia en Colombia.
El fracaso en las negociaciones no se limita solo a la frustración con las promesas incumplidas. Los comandantes del ELN también señalaron la ineptitud de los responsables de la mesa de paz del gobierno, incluyendo a la jefe de la delegación del Gobierno, Vera Grabe, y al comisionado de Paz, Otty Patiño. Según el ELN, tanto Grabe como Patiño son vistos como un «fracaso» en sus esfuerzos para llevar a buen término las conversaciones. Para los guerrilleros, esta ineficacia ha contribuido al fracaso de las negociaciones, que no han logrado concretar un acuerdo serio ni siquiera después de varios intentos.
El contraste entre lo prometido por el presidente Petro y lo que realmente ha sucedido en el terreno es cada vez más evidente. Mientras el gobierno insistía en la necesidad de una paz total y una transformación del conflicto armado, la realidad sobre el terreno parece ser otra. Las zonas de Colombia controladas por el ELN, como el Catatumbo, siguen siendo focos de violencia incesante, donde el Estado ha tenido dificultades para imponer su autoridad. En estos territorios, los ciudadanos han sido testigos del continuo ejercicio de poder de los grupos armados, mientras que el gobierno parece incapaz de garantizar su seguridad.
Los comentarios del ELN sobre la necesidad de que Petro «vaya al psiquiatra» por la manera en que ha manejado el proceso de paz no solo reflejan una crítica mordaz, sino también un profundo escepticismo sobre su liderazgo. Para el grupo guerrillero, la falta de resultados concretos y las promesas incumplidas muestran que Petro no tiene la capacidad ni la voluntad de afrontar los desafíos que implica la resolución de los conflictos internos de Colombia. Esta crítica resalta un problema central del actual gobierno: la desconexión entre lo prometido en las urnas y lo que se ha materializado en términos de paz y reconciliación.
El futuro de la paz en Colombia parece más incierto que nunca. El fracaso de la llamada «paz total» y las continuas críticas del ELN solo refuerzan la percepción de que el país sigue atrapado en un círculo vicioso de violencia y desconfianza. La pregunta que queda en el aire es si el presidente Petro podrá redirigir sus esfuerzos hacia una verdadera solución al conflicto armado o si, por el contrario, la historia de la paz en Colombia seguirá siendo un terreno de promesas rotas y expectativas frustradas.
A medida que avanzan los meses, el gobierno de Petro se enfrenta al desafío de reconstruir la confianza tanto dentro como fuera del país. Para lograr una paz duradera, será necesario más que palabras: se requiere una estrategia efectiva y un compromiso genuino con la reconciliación, algo que, por ahora, parece lejano e incierto.